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PROVINCIA DE CHIRIQUÍ Barú y la ilusión de resurgir

Representantes de la transnacional Del Monte se reunirán mañana, martes, con autoridades panameñas para definir si la empresa puede ejecutar o no una inversión de $126 millones para reactivar la producción bananera.

Mientras tanto, mil 765 hectáreas de tierra perfectamente productiva permanece en estado casi comatoso desde hace más de una década, igual que la economía baruense.

 La esperanza se centra en volver a sembrar y cosechar el fruto que durante décadas sostuvo la economía de los lugareños. LA PRENSA/Ricardo Iturriaga

Representantes de la transnacional Del Monte se reunirán con autoridades panameñas para definir si la empresa podrá ejecutar o no una inversión de $126 millones para reactivar la producción bananera, aquella que hace casi 15 años hacía de este distrito un lugar muy distinto al que se ve hoy.

Pero, como en toda negociación de una inversión de este calibre, la fluidez no suele ser óptima; el tiempo, mientras, consume la paciencia, el ánimo y el dinero de los residentes del distrito.

El año pasado, Del Monte se reunió con los mil 765 miembros de la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (Coosemupar) -de 2 mil 226- que en 2012 recibieron del Gobierno una hectárea cada uno para trabajar las tierras donde Chiquita Brands solía producir el llamado “oro verde”. En 2003, la empresa cerró operaciones y se fue del país.

Estos mil 765 optaron por la titulación individual: su hectárea es solo suya. El resto optó entonces por la titulación colectiva: sus hectáreas quedaron a disposiciones de un inversor privado, quien pondría el dinero para ponerlas a producir.

Del Monte y los “individuales” negocian desde el año pasado las condiciones para que la empresa pueda utilizar las tierras. Y es aquí donde el acuerdo comenzó a dilatarse.

La empresa propuso comprar las tierras a $7 mil 500 por hectárea -$0.75 el metro cuadrado de tierra productiva-; la contrapropuesta de muchos de los “individuales” en ese entonces fue que se alquilara cada hectárea a $450 por año.

Con el paso de los meses y ante la poca actividad en las conversaciones, comenzaron a darse diferencias entre los propios “individuales”: cada vez más optaron, aunque a regañadientes, por el bajo precio, vender cada hectárea a $7 mil 500, con la condición de que Del Monte contratase a un miembro de la familia de quien vendía la tierra.

Alexis Morales, presidente de un comité que reúne a unos mil 400 de estos “individuales”, asegura que ellos ya acordaron la venta con Del Monte: “la gente se está yendo del distrito, necesitamos el empleo; $7 mil 500 no es lo mejor, pero tampoco es lo peor. Lo bueno es el empleo”.

Además, hace hincapié en que la llegada de la empresa, cuya planta se instalaría en los distritos Blanco y La Cuna, generaría 3 mil 200 empleos directos.

Elías González, de parte de los “individuales” que prefieren alquilar las tierras o venderla “tal vez a unos $10 mil”, dice que cada uno hace de su tierra su negocio y que Barú tiene todo para atraer empresas y desarrollarse económicamente y que la población está harta de que los gobiernos no actúen.

Eira Sánchez, presidenta de la Cámara de Comercio de Barú, advierte que el desempleo en el distrito es del 62% y que el letargo en que se encuentra la zona ha hecho que casi la mitad de la población haya emigrado a la capital en los últimos 13 años: ahora son 40 mil.

Lamenta que no hay fuentes de empleo permanentes y que el único proyecto en el distrito es el de la ampliación de la carretera Paso Canoas-Puerto Armuelles, que está en su etapa final: “la gente de Barú está en dificultad. No hay recursos. No hay economía”.

La dilatación en las negociaciones se daba porque los propios “individuales” no estaban en la misma sintonía, algo que pedía el inversor para concretar el plan.

Por eso, el comité que preside Morales ya negoció con Del Monte; el resto de los “individuales” espera por lo que suceda mañana entre la empresa y el Gobierno.

El desenlace supone que en julio se presentaría ante la Asamblea Nacional un proyecto de contrato-ley que establezca el marco legal para la llegada de la empresa. Sin embargo, las aspiraciones de los baruenses es que se concrete cuanto antes.

Por eso, Morales y miembros del comité se trasladarán mañana a Panamá para solicitarle al Gobierno que decrete sesiones extraordinarias en la Asamblea para que se discuta tal proyecto.

Mientras tanto, mil 765 hectáreas de tierra perfectamente productiva permanecen en estado casi comatoso desde hace más de una década, igual que la economía baruense.

‘Muerto Armuelles, no Puerto Armuelles’

“Antes era [el corregimiento de] Puerto Armuelles. Ahora es Muerto Armuelles”, dice el escocés John Simison, quien llegó al área en 1987 para trabajar en la Petroterminal de Chiriquí Grande y hoy es dueño del bar Shantal Place’s. Recuerda que antes, cuando había trabajo y plata, no existía delincuencia: “La gente quemaba un billete de $5 para buscar un cuara”.

Se ríe pícaro, y asegura que no exagera. Desde la entrada de su local pintado -desgastado- de amarillo y letras rojas, se ve el esqueleto del puerto de la ciudad donde una vez atracó la bonanza. Caminar por el muelle de piso de madera requiere de gran concentración, si no se quiere terminar en el agua o en algún hospital pidiendo una inyección antitetánica.

“Deberían invertir ahí y en la producción de plátano. No hay nada en Puerto [Armuelles], solo la delincuencia que está creciendo”, cuenta Roydhen, de 33 años, y quien trabaja en un pequeño lava auto en el corazón de la exagerada pasividad de la ciudad. Viste un short y suéter azul, y en sus orejas guarda las monedas que le dan los clientes. Guarda $0.15 en la izquierda y $0.10 en la derecha. “No tengo bolsillos y la cosa no está ni para perder un real”. Se ríe, pero no se ríe. Se lamenta. El Suzuki Swift gris paga su frustración con el trapo con que lo seca. Susana, que espera por el carro, dice que la situación es “caótica” y que todo se cae a pedazos.

En efecto, casi todo se cae a pedazos o está a punto de hacerlo. Agrega que no entiende por qué se está ampliando a cuatro paños la carretera que va hasta Paso Canoas, y que ese dinero se podía usar para otra cosa: “Aquí es más fácil que te choques con un poste que con un carro”. Algunos transeúntes se limitan a contestar “mal, mal, muy mal”, a la pregunta de cómo está el distrito. Otros se ríen como si la consulta fuera una broma de mal gusto.

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