Muere Noriega y Panam√° da inicio a una nueva etapa de su historia

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El antiguo ¬ęhombre fuerte¬Ľ del pa√≠s no super√≥ la convalecencia de una delicada operaci√≥n quir√ļrgica para extraerle un tumor cerebral benigno

Protegido de Omar, fue su hombre de Inteligencia.

Aunque le dio tiempo de perdier perdón a su manera, con la atención mediática que un gesto así se merecía, Manuel Antonio Noriega murió anoche sin la indulgencia de un pueblo que todavía resiente su actitud ante la invasión de EEUU, unos por no hacerle frente como el general que era y otros por no rendirse a tiempo para evitar la más grave agresión sufrida por el país.

Su desaparici√≥n f√≠sica zanja de alguna manera el debate de si deb√≠a conced√©rsele la prisi√≥n domiciliaria que solicitaba su familia en atenci√≥n a su avanzada edad y las dolencias f√≠sicas previsibles en un hombre de 83 a√Īos.

Su operaci√≥n del pasado 7 de marzo, que se lleg√≥ a interpretar como una estrategia para permitir, sin hacer ruido, que pasara sus √ļltimos d√≠as en compa√Ī√≠a de sus hijas, result√≥ ser una intervenci√≥n fatal de la que no pudo recuperarse.

Aquejado de un tumor cerebral benigno, sus médicos recomendaron su excarcelación temporal para prepararse para el procedimiento médico, que fue concedida en enero pasado, y un periodo de recuperación postoperatoria, también fuera de la cárcel.

Noriega estaba¬†recluido en el centro ¬†penitenciario El Renacer, una antigua c√°rcel de EEUU en Panam√° durante su etapa de control del canal interoce√°nico, desde 2011, cuando fue extraditado por Francia, que lo conden√≥ a siete a√Īos de c√°rcel por blanqueo de capitales, y a una multa de un mill√≥n de euros a pagar al Estado paname√Īo.

Antes hab√≠a cumplido prisi√≥n en Miami (EEUU), donde fue juzgado y condenado tras ser capturado por el ej√©rcito de ese pa√≠s, poco despu√©s de invadir Panam√° en su b√ļsqueda, el 20 de diciembre de 1989. En su contra se formularon cargos por narcotr√°fico y lavado de dinero, delitos por los que recibi√≥ una pena de 40 a√Īos que se redujo a 20 por diferentes rebajas.

Juzgado en ausencia, en Panam√° le esperaban condenas de hasta 60 a√Īos de prisi√≥n, pero nunca se present√≥ ante un tribunal. Y no¬†fue sino hasta este a√Īo que se le convoc√≥ a una audiencia para resolver su excarcelaci√≥n.

El pecado original

Aunque con muchos hechos de su pasado se ha intentado explicar el carácter resbaladizo y traicionero de Noriega, su verdadera historia empieza cuando en 197O favorece el retorno al país del recién proclamado jefe máximo Omar Torrijos, protagonista de un  golpe militar en 1968. Esa muestra de lealtad le hizo imprescindible y se encargó desde entonces de la seguridad del régimen, hasta el punto de que algunas versiones aseguran su inevitable participación en el aparente accidente que acabó con la vida de Torrijos.

Su muerte le deja en primera línea para convertirse en general, tras prescindir por jubilación o por retiro forzado de quienes le superaban en jerarquía, incluido el coronel Roberto Díaz Herrera, primo de Torrijos, quien en 1987, tras verse desplazado, termina revelando  en rueda de prensa todos los pecados de Noriega, incluido los de doble espía de cubanos y de la CIA, enlace de los carteles de la droga colombianos y macumbero. Le achaca también la muerte del decapitado médico  rebelde Hugo Spadafora y del sacerdote colombino Héctor Gallego.

Son esas declaraciones las que exacerban la oposici√≥n a un r√©gimen militar cada vez m√°s deteriorado, que poco guarda de la ¬ędictablanda¬Ľ ¬†torrijista que se hizo popular por su lucha antiimperialista. Adem√°s, borracho de poder, Noriega, al que no se le perdona su fealdad y se le bautiza como ¬ęcara de pi√Īa¬Ľ por sus marcas faciales, empieza a perder el autocontrol del que siempre hizo gala, junto con las alianzas que lo respaldan en Washington, Europa e Israel.

Apuntalado por su grupo más radical de seguidores, Noriega llegó a contravenir el orden constitucional, se proclamó jefe de Estado en 1989  y machete en mano declaró la guerra a EEUU. La invasión estaba servida.

Pero el ¬ęhombre fuerte¬Ľ de las entonces Fuerzas de Defensa de Panam√° no plant√≥ cara a la m√°s que avisada intervenci√≥n militar estadounidense, que lleg√≥ a favorecer alg√ļn sector del pa√≠s, sino que busc√≥ refugio en diferentes casas de amigos ¬†y colaboradores (hay quien dice que se escondi√≥ bajo las faldas de una amante) para finalmente protegerse en la representaci√≥n vaticana, de donde ya sali√≥ preso.

Su √ļnico gesto de arrepentimiento, el 25 de junio de 2015, ¬†cuando ley√≥ un comunicado de perd√≥n frente a las c√°maras de televisi√≥n, no logr√≥ convencer y se cierran las puertas para una posible gesti√≥n humanitaria.

El presidente Juan Carlos Varela, que hoy tendr√° que asumir una postura de Estado sobre la muerte del antiguo jefe militar, solicit√≥ en su cuenta de Twitter ¬†¬ęun sepelio en paz¬Ľ.

La muerte de Noriega, a√Īadi√≥ el gobernante, ¬ęcierra un cap√≠tulo de nuestra historia¬Ľ. Queda decidir c√≥mo empezar a escribir el pr√≥ximo. ¬ŅSe acab√≥ la rabia?

 

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