Hillary Clinton vs Donald Trump: la democracia reducida

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El periodista Andy Robinson recorrió más de 5 mil kilómetros en Estados Unidos para confirmar que la democracia en aquel país está en cuidados intensivos.

Va en la senda correcta, pues su libro de cr√≥nicas Of the Road (2016, Ariel) tiene esa mirada descarnada que ofreci√≥ Thompson en su psicod√©lica novela Miedo y asco en Las Vegas (1971).Ambas obras se alimentan de los recursos del n uevo periodismo para evidenciar que el sue√Īo americano est√° marchito, porque una parte de Estados Unidos se encuentra en un estado cr√≠tico debido a la corrupci√≥n, la desigualdad social y una democracia que est√° a la venta al mejor postor.Mientras la pieza de ficci√≥n es una traves√≠a brutal sobre la ciudad de los casinos, las apuestas y el sexo rentado, el libro de Robinson retrata a 12 ciudades (de San Francisco a Nueva York, de Detroit a Miami) y lleg√≥ a la conclusi√≥n de que una nueva oligarqu√≠a mina el desarrollo de la democracia en la uni√≥n americana.Para Robinson, la descomposici√≥n en el pa√≠s de las barras y las estrellas es un hecho end√©mico, y lo peor, legal, con medidas como la tomada en 2010 por el Tribunal Supremo, en la que las √©lites pueden ‚Äúcanalizar millones de d√≥lares para sus candidatos preferidos en las elecciones legislativas y presidenciales sin tener que hacerlo p√ļblico‚ÄĚ. El corresponsal de peri√≥dicos como The Guardian ( Reino Unido) y La Vanguardia ( Espa√Īa) denuncia que desde Wall Street y Silicon Valley se mueven muchos hilos del poder pol√≠tico y econ√≥mico de aquella naci√≥n que el jurista franc√©s Alexis de Tocqueville tanto admiraba en el siglo XIX.Para Andy Robinson, una prueba del deterioro es que ve como dos caras de la misma moneda a la candidata dem√≥crata Hillary Clinton y al aspirante republicano Donald Trump, quienes esta noche tendr√°n su √ļltimo debate presidencial, que ocurrir√° en Las Vegas, Nevada.Tanto la exsecretaria de Estado como el millonario empresario, opina Robinson, representan una clase dirigente que ha puesto en declive a la mayor potencia del mundo, por estar sus colectivos pol√≠ticos al servicio de las instituciones financieras y las corporaciones multinacionales.Es un peligro para la democracia en Estados Unidos que las contiendas electorales sean cada vez m√°s costosas, advierte. Esto significa que los partidos pol√≠ticos deben ser amigos √≠ntimos de las grandes empresas para que les patrocinen sus campa√Īas, y tras el triunfo cabe la posibilidad de que sus benefactores les pidan alg√ļn tipo de ayuda de vuelta.Ni Clinton ni Trump, plantea Robinson, ofrecen muestras certeras de reducir la desigualdad social que impera en Estados Unidos, una medida que ya propon√≠a el fil√≥sofo griego Arist√≥teles en la antig√ľedad cuando escribi√≥ La Pol√≠tica y plante√≥ que la mejor medida para lograr una democracia saludable ser√≠a llevar a cabo lo que ahora se denomina como un Estado de bienestar, algo en lo que s√≠ cre√≠a Bernie Sanders, quien perdi√≥ las pasadas primarias dem√≥cratas y a quien el reportero considera un pol√≠tico m√°s calificado.Aunque ninguna de estas figuras es santo de su devoci√≥n, s√≠ admite que la menos letal es la esposa del expresidente Bill Clinton. La prefiere a ella en la Casa Blanca tras las elecciones de este 8 de noviembre, aunque sabe que Hillary tambi√©n tiene su lado cuestionable.

Para Robinson, la descomposición en el país de las barras y las estrellas es un hecho endémico, y lo peor, legal.

UNA TRAVES√ćA POR LA ‘DOLOCRACIA’

Mientras viajaba por Estados Unidos, Andy Robinson descubrió que había una polarización económica y política que fracturaba al país. Esa situación, indica, es palpable, en especial, en la clase obrera y en la clase media.

Estados Unidos est√° en medio de un ‚Äúterremoto social‚ÄĚ, al perder una oportunidad hist√≥rica cuando queda por fuera del juego pol√≠tico Bernie Sanders en las primarias dem√≥cratas ante Hillary Clinton, a quien como estadista considera superior a Clinton y Donald Trump. Estados Unidos est√° fragmentado, resalta. Por eso, necesitaba un revolucionario como Sanders, que no iba a complacer el establishmentde los partidos, ni iba a escuchar las √≥rdenes de Wall Street y que deseaba regresar a su pa√≠s a las d√©cadas de 1950 y 1960, cuando todas las clases sociales crecieron a un ritmo m√°s o menos igual.Le irrita la desigualdad social que impera en Estados Unidos, donde el 99% de su gente son trabajadores y de clase media y que hay un √≠nfimo 1% de la poblaci√≥n que no sabe lo que es pasar por el hambre, el desempleo o las enormes deudas para poder estudiar o tener una casa.No entiende c√≥mo pueden haber personas que crean que Donald Trump puede representar sus intereses, si √©l forma parte de ese privilegiado 1% en la uni√≥n americana. Los electores tienen la √ļltima palabra y espera que esa toma de decisi√≥n sea a favor de Hillary Clinton, aunque reitera que Bernie Sanders habr√≠a tenido m√°s intenci√≥n de promover una sociedad m√°s justa.

Andy Robinson opina que Estados Unidos es una potencia en declive, al estar secuestrada por una nueva oligarquía compuesta por la élite económica.

LIDERAZGO GLOBAL

A los jerarcas demócratas en lo general y a la oligarquía financiera nacional e internacional en lo particular, apunta Andy Robinson, le conviene más tener a la familia Clinton en el poder, que a un hombre difícil de controlar como  Bernie Sanders, quien no recibiría con agrado las exigencias del Foro Económico Mundial.La situación es tan grave como lo que ocurrió durante el crac económico de la década de 1920, con la diferencia de que por entonces se tenía la ilusión de que todo iba a cambiar para bien y no está seguro de que esa sea la sensación que se tenga en Estados Unidos sobre el futuro inmediato.Aunque no quiere ser apocalíptico, le preocupa que Estados Unidos sufre de una enfermedad política que más adelante, si llegara a ganar  Donald Trump la contienda electoral, el país pueda perder su liderazgo global.El discurso racista de Trump, comenta, ha calado entre los obreros blancos, porque están resentidos y frustrados porque han perdido su nivel adquisitivo y lo usual es culpar a los más débiles de la cadena: la comunidad afroamericana y el inmigrante latinoamericano, quienes de paso, resalta, son a los que la policía tiene más en la mira.Le parece absurdo la advertencia de Trump de construir un muro en la frontera de la unión americana con México para detener a cada inmigrante que intente ingresar de forma ilegal.

Opina que Estados Unidos est√° sometido a un sistema donde el dinero manda y lo ha llamado la ‚Äėdolocracia‚Äô.

Critica a las cárceles estadounidenses, porque son empresas privadas que necesitan reclusos para ganar dinero y qué mejor manera que llenarlas de latinoamericanos y afroamericanos.

Le duele que los medios de comunicación social le sigan la estrategia a Donald Trump, que ante cada comentario absurdo que dice, los periodistas corren a propagarlo y eso, considera, es promoción al fin y al cabo.

Lamenta que las elecciones sean ‚Äúel mejor regalo econ√≥mico‚ÄĚ para los medios de comunicaci√≥n en Estados Unidos, quienes aumentan su cuota publicitaria de forma sorprendente y eso les puede quitar credibilidad a la hora de abordar este tema en sus noticieros.La eventual victoria de Clinton en las urnas la califica como ‚Äúun triunfo amargo‚ÄĚ, porque ella ganar√° no por sus propuestas, ni por su capacidad de mando ni por representar al estadounidense promedio, sino simplemente para detener las intenciones de Trump.Sobre Barack Obama, admite que la herencia que dejar√° es ‚Äúbastante contradictoria‚ÄĚ. Por un lado, lleg√≥ al poder en medio de un colapso econ√≥mico, cuya responsabilidad fue del exmandatario George W. Bush.Adem√°s, recibi√≥ una administraci√≥n que estaba hasta el cuello en las guerras en Afganist√°n e Irak, m√°s la estela del terrorismo que golpe√≥ a la naci√≥n desde aquel 11 de septiembre.Advierte que su m√°s criticable costado es que Obama es el presidente que m√°s deportaciones ha autorizado en el √ļltimo cuarto de siglo. Advierte que aun con eso en contra sigue apoyando a Barack, por toda la carga simb√≥lica que signific√≥ su llegada al Despacho Oval.

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