Cardenal José Luis Lacunza, relator en el Sínodo de la Familia

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Lacunza deberá coordinar las labores de uno de los 10 grupos lingüísticos en los que se subdivide a las más de 300 personas que participan en la asamblea y elaborar un documento final con los argumentos de las tres semanas de trabajo.

 Lacunza fue nombrado cardenal de la Iglesia católica el pasado 14 de febrero por el papa Francisco. LA PRENSA/Archivo

Lacunza deberá coordinar las labores de uno de los 10 grupos lingüísticos en los que se subdivide a las más de 300 personas que participan en la asamblea y elaborar finalmente un documento que abordará de forma más precisa cada uno de los argumentos tocados en estas tres semanas de trabajo.

La finalidad del Sínodo es que 270 hombres determinen cuál debe ser la postura de la Iglesia católica ante las amenazas posmodernas a la familia tradicional. Entre las problemáticas que serán analizadas, hay argumentos muy distintos como la poligamia en Asia, el machismo en Latinoamérica, el descenso en número de los jóvenes que pasan por el altar, la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar o las uniones homosexuales.

Sin embargo, las intenciones aperturistas del papa Francisco ante las nuevas formas de familia han tropezado con una fuerte oposición conservadora de la alta jerarquía cardenalicia.

Lejos queda aquel primer borrador del Sínodo de obispos de octubre de 2014 que escribió por primera vez negro sobre blanco y destacó que «las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana». O la frase que resaltó «la realidad positiva de los matrimonios civiles y de las convivencias».

Un amplio sector de cardenales conservadores de los cinco continentes advirtieron antes incluso de que comenzará el Sínodo que la Iglesia católica no iba a cambiar la doctrina. Por si fuera poco, el arranque del Sínodo se vio profundamente enturbiado por la declaración de homosexualidad de un prelado del Vaticano que trabajaba como oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe –la antigua Inquisición del Santo Oficio—y que no dudó en presentar a su novio y en acusar a la Iglesia católica de homofobia.

“Es el momento de que la Iglesia abra los ojos frente a los gais creyentes y entienda que la solución que propone para ellos, la abstinencia total de la vida de amor, es deshumana”, aseguró.

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