Bonn, la cuna de Beethoven ante un aniversario rediseñado por la covid

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Bonn, la ciudad alemana donde nació Ludwig van Beethoven hace 250 años, dedica dos maratonianas noches a su genio más universal, en una conmemoración virtual por imperativo de la pandemia que espera extenderse a lo presencial el año próximo.

La primera «BeethovenNacht» -Noche de Beethoven»- será este miércoles, coincidiendo con la fecha en que supuestamente nació el compositor -sólo se tiene constancia de que fue bautizado el 17 de diciembre de 1770; le seguirá el jueves el concierto dirigido por Daniel Barenboim y su orquesta West-Eastern Divan, el jueves, que abrirá un discurso del presidente del país, Frank-Walter Steinmeier.

Será una conmemoración muy distinta a cómo se había planificado el Año Beethoven alemán: sin público y coincidiendo con la entrada en vigor en Alemania de unas drásticas restricciones de la vida pública. Desde el 2 de noviembre está cerrada toda actividad cultural -sean conciertos, teatros, cines o museos-; a partir de este miércoles solo siguen abiertos comercios y servicios esenciales.

«Para los artistas es un momento muy duro. Lo único que podemos ofrecer para compensarles, a ellos y al público, es un programa amplificado, partiendo de Bonn a todas partes del mundo», explica a Efe Tiffany Claff, portavoz de la Sociedad Aniversario Beethoven .

En la primera noche, la Orquesta Beethoven de Bonn estrenará la «Oda to Joy» de Quince Jones y el «Opus 2020» de Max Richter. El concierto combinará la música del compositor con soul y cabaret; lo transmitirá la televisión pública regional WDR y, en streaming gratuito, la web oficial del aniversario -www.bthvn2020.de-.

El concierto de Barenboim -en la Ópera de Bonn y concebido como parte de una gira europea, luego cancelada- se puede seguir asimismo por esas webs o sus cuentas en Facebook y You Tube. Le seguirán otras ocho horas de emisión en la WDR. Es decir, toda la noche y hasta el día siguiente.

«Es triste, por un lado. Por otro, nos consolamos pensando que tendremos, desde Bonn, una resonancia mundial que jamás habríamos alcanzado», prosigue Claff. El streaming no puede suplir al directo y menos aún llenar el «vértigo del artista» ante la falta del aplauso final. Pero acerca la música a «un público que tal vez no se hubiera planteado siguiera ir al concierto en vivo».